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"Estamos logrando bajar el tiempo de espera por un organo"

Desde el CAICA, destacaron en el Dia Nacional de la Donación de Organos, la disminución de la lista de espera de órganos, por la cantidad de ablaciones que están realizando en lo que va del año.

En dialogo con FM REPUBLICA 100.1, Karina Tolosa, coordinadora del Centro de Ablaciones e Implantes de Catamarca en relacion con la donacion de organos  señaló que es tan importante este crecimiento que hemos tenido, porque es mucho en un año tener cinco ablaciones multiorgánicas en una provincia que no venía teniendo nada. Todo esto tiene que ver con la concientización que el catamarqueño está teniendo en donar órgano. Está creciendo con todo el trabajo que estamos realizando para que más personas puedan llegar a tener una posibilidad de mejorar su calidad de vida”, destacó 

La donación y el trasplante de órganos son dos acciones orientadas a prolongar la vida de alguien. Donar es un acto de amor, de solidaridad, y recibir conlleva la gratitud. Estos gestos se abrazan para sembrar esperanza, al considerar que un solo donante puede salvar la vida de más de ocho personas dijo Tolosa


Según el Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (Sintra), Catamarca tiene un total de 94 pacientes en lista de espera, de los cuales, 55 son renales.  
Durante 2018, se alcanzó el récord de ablaciones en la provincia, que además tiene el mayor registro de donantes de médula. 
Alrededor de 150 personas intervienen en una ablación, que requiere de un trabajo interdisciplinario, en una carrera contra el tiempo.

onar órganos permite salvar vidas. Técnicamente, la donación de órganos es la remoción de órganos o tejidos del cuerpo de una persona que murió recientemente o de un donante vivo, con el propósito de realizar un trasplante.

En  nuestro país existe el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), que tiene su correlato en Catamarca a través de la Coordinadora de Ablación e Implantes Catamarca (Caica).

La médica terapista Carina Fernanda Tolosa, coordinadora jurisdiccional del Incucai en Catamarca y a cargo del Caica desde enero de 2017, explica que “ahora todo paciente mayor de 18 años con diagnóstico de muerte cerebral por distintas patologías, generalmente por un trauma de cráneo, es candidato a ser donante. La muerte cerebral se determina a través de un diagnóstico clínico y con estudios complementarios y de laboratorio, cuando el cerebro deja funcionar se considera que hay diagnóstico de muerte cerebral.

El corazón puede seguir latiendo porque lo estamos manteniendo con drogas y el aparato respiratorio está siempre mantenido con un respirador artificial”.

“También tenemos candidatos a ser donantes de tejidos, que pueden ser pacientes ya fallecidos, de quienes se extraen huesos, piel y córneas, o vivos, en el caso de médula, porque son células”, asevera.

Muchas veces, la decisión de donar órganos genera la resistencia de los familiares frente al diagnóstico de muerte cerebral. Al respecto afirma que “el tema es un poco difícil hasta que la gente toma conciencia que con el diagnóstico de muerte cerebral clínico y con estos estudios complementarios, no hay vuelta atrás. A veces se confunde con el estado vegetativo, el paciente puede estar despierto, estar en coma, algo puede respirar, pero no es diagnóstico de muerte cerebral. No todos los pacientes con trauma craneoencefálico llegan a la muerte cerebral, a veces fallecen antes; es difícil conseguir un paciente con diagnóstico de muerte cerebral, en enero tuvimos el último”.

El año pasado, el Congreso nacional aprobó la Ley de Trasplante de Órganos, también llamada “Ley Justina”, la cual establece que todos los mayores de 18 años son donantes de órganos y tejidos, a menos que dejen constancia expresa de lo contrario. La norma fue reglamentada este año.

Respecto de cómo influyó esta legislación, la médica considera que “la Ley Justina nos favoreció bastante porque antes teníamos que pedir autorización a la familia para la donación, ahora no, todo paciente mayor de 18 años, que no haya manifestado la negativa, es donante”. 

Sin embargo, plantea que “ahora el tema es con los menores de edad, porque tenemos que pedir autorización a los padres. El año pasado tuvimos tres donantes niños, y la decisión es bastante doloroso para la familia. Con los adultos tampoco en fácil, porque hay que comunicar que el paciente tiene diagnóstico de muerte cerebral y vamos a proceder a hacer la ablación de los órganos, según la ley; por ahí tenemos un poquito de resistencia. El último paciente para donación había manifestado que no quería ser donante y tuvimos que cerrar el protocolo”.

La profesional de la salud relata cómo se realiza un operativo de ablación, que “en su mayoría han sido en el hospital San Juan Bautista; como también trabajo en la terapia, estoy en forma constante con pacientes politraumatizados y es más fácil registrar a los potenciales donantes. Primero tratamos de salvarlos, y cuando vemos que tienen criterios clínicos de muerte cerebral, entra a actuar el Caica. Hacemos diferentes estudios, que manda el Incucai, como análisis, radiografías, ecografías, tomografías y electroencenfalogramas, para hacer el diagnóstico de muerte cerebral; serología también de HIV, hepatitis, citomegalovirus, toxoplasmosis, son muchos laboratorios, para ver si el paciente está en condiciones de ser donante, porque muchas veces tiene alguna patología infectocontagiosa, cánceres, o fallo de órganos, que impiden la donación”.
Por ello, aclara que “no todos los pacientes entran en muerte cerebral y no todos los que entran en muerte cerebral son aptos para la donación de órganos”.

Y continúa describiendo el proceso: “Una vez que están los estudios complementarios, tenemos que comunicarle a la familia, y el Incucai va determinando qué órganos pueden ser ablacionados. Cuando se diagnostica la muerte cerebral, pasadas las seis horas, el paciente empieza con fallo multiorgánico, es más difícil mantenerlo y que los órganos puedan llegar a la ablación en forma óptima. A veces descartan el órgano, no cualquier órgano se trasplanta, no cualquier órgano se ablaciona, o sea que ese mito del tráfico de órganos es imposible porque son muy estrictos, el órgano tiene que estar en buenas condiciones”. 

Para Tolosa, “todo esto provoca estrés, hay que estar encima del paciente y en constante contacto con la gente del Incucai, porque cuando entra en protocolo para ablación es una carrera contra el tiempo, los análisis son cada hora y te están pidiendo todas las características, las medidas antropométricas, una serie de aspectos, porque informan al equipo de trasplante correspondiente a cada órgano, que son de diferentes lugares del país, generalmente de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe”. 

“Una vez que lo aceptan, vienen los equipos de trasplantes del Incucai y se procede a hacer la ablación. Aquí se hace la extracción de los riñones, los encargados son los profesionales catamarqueños Fernando Fedullo y Pablo Marín; Alejandro Vázquez y Carlos Ferreyra hacen la ablación de las córneas”, manifiesta, agregando que “esos órganos muchas veces se mandan a Córdoba o a Buenos Aires y ahí se distribuyen, riñón y córneas son para pacientes catamarqueños, a menos que sean menores de edad, en ese caso son para emergencia nacional. Las córneas en menores de edad recién se pueden ablacionar a partir de los dos años, antes no”.

En una ablación participan más de 100 personas, que procuran que este amplio operativo sea exitoso. Entre ellos, menciona a “médicos de terapia, enfermeros, la coordinadora hospitalaria, doctora María Noé Graneros, gente de laboratorio, banco de sangre, rayos, ecocardiograma, que hace el doctor Fredy Cadó; el ecocardio abdominal, el doctor Germán Cuello; el doctor Miguel Reynoso hace las ecografías; el doctor Ricardo Figueroa es el neurólogo que lee el electroencefalograma y certifica la muerte; la gente de quirófano, las instrumentistas y el anestesista, que generalmente son los que están de guardia, porque no tenemos fijos. Es un trabajo interdisciplinario bastante grande”.

A este grupo interdisciplinario se suma “el Same, que busca a los profesionales en el aeropuerto, y la Policía, que abre el camino, generalmente vienen de noche, pero a veces o hacen a la tarde, y a esa hora es intransitable. Están dispuestos el ciento por ciento. Hemos hecho un acto de reconocimiento a cada uno de ellos, al Same, a la Policía, a cada profesional que ha intervenido. Alrededor de 150 personas trabajan en una ablación, porque es impresionante el movimiento”, describe.

Apunta que “es correr contrarreloj, porque cada operativo es diferente, y sabemos que va a tener muchos problemas. Pero lo más dificultoso ha sido tratar de organizar que todo salga lo mejor posible, y lo hemos podido lograr con todo el equipo. Todos los operativos han tenido su impacto, sobre todo en los niños, para las familias que han donado eso es emocionante”.

La coordinadora local señala que “acá hacemos la ablación, la procuración de órganos, pero por el momento no hacemos trasplantes, porque no está completo el equipamiento para hacer trasplantes en Catamarca. Se han hecho trasplantes de córneas y nuestro objetivo es volver a hacerlos este año. Los equipos de trasplante no dependen del Caica, nosotros proponemos el centro de trasplante, pero el Incucai es el que autoriza el equipo de trasplante”. 

En cuanto a la cantidad de trasplantes de córneas practicados, consigna que “el año pasado se han hecho aproximadamente 10. Hemos bajado la lista un 70 % de lo que estaba indicado”.

También destaca que “el Caica provee la medicación a los pacientes catamarqueños trasplantados, todos los meses nuestra secretaria Silvia Ortega pide la medicación al Incucai y los pacientes vienen a retirarla aquí. También la asistente social Mirta Castro actúa cuando hay una situación de carencia de los pacientes, porque la persona trasplantada debe tener su lugar adecuado con buenas condiciones higiénico-dietéticas. También otorgamos el carnet para pacientes trasplantados para que puedan tener sus pasajes. Y procuramos que los pacientes con obra social consigan la medicación óptima”. 

Respecto de su experiencia como colaboradora en la terapia hasta la conducción actual del Caica, dice que “es una tarea linda, pero estresante, porque uno trata que el paciente esté en las óptimas condiciones para ser ablacionado, ya que sabemos que del otro lado hay otras siete u ocho personas que dependen de que esa ablación sea la correcta”. 

“Es un momento duro, porque hay que comunicarle a la familia que el paciente está con muerte cerebral y debe ser donante; y a su vez un momento de felicidad, si pudiera llamarse, sabiendo  que hay personas esperando recibir el órgano. Son sensaciones encontradas, porque está entre la felicidad, la tristeza, la emoción de poder llevar a cabo las operaciones. Uno trata de ser lo más cauto posible, porque hace esto con el mayor respeto. Es una felicidad plena saber que estamos ayudando a mejorar la calidad de vida de tantas personas”.

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